En el momento en que Anna se alejó, me recliné en la silla y me quedé mirando la pantalla.
Mi mente se sentía pesada. ¿Cómo se había vuelto mi vida tan enredada?
Solo unos meses atrás, mi mayor preocupación era encontrar trabajo y asegurarme de que Adam tuviera comida.
Pero ahora… conspiraciones de oficina, rumores… y sobre todo, ¡Kelvin!
Anna me había amenazado. Y secretos que ya ni siquiera sabía cómo explicar. Me froté la frente, agotada.
«Genial… simplemente genial».
Me obligué a conc