Solté una pequeña risa, pero en el fondo no pude responderle ni prometerle que estaría a su lado para siempre. Ojalá pudiera, pero no podía abrirme así tan fácilmente.
“Lo pensaré, señor Donovan,” sonreí.
Me miró durante unos segundos, luego me cargó y se dirigió al baño.
“Déjame limpiarte. Aunque quiera abrazarte fuerte hasta la mañana siguiente, aun así te llevaré de vuelta ahora mismo.”
“Sí, buena idea,” suspiré aliviada. ¡Qué considerado es!
…………
“¿Rose?” murmuró Sofia. “Eso tiene mucho sig