Capítulo 61 —Las Reglas del Juego
La luz diurna de Long Island no tuvo piedad. Se filtró por los ventanales de la habitación con una claridad blanca, implacable, iluminando el rastro del huracán nocturno: la ropa de Maribel esparcida por la alfombra, las sábanas revueltas a los pies de la cama y esa atmósfera cargada, impregnada de sus perfumes mezclados y del rastro de dos cuerpos que se habían entregado a una vorágine absoluta.
Maribel se despertó antes de que el sol terminara de clavar sus pr