Esa noche, el sueño fue un lujo que me fue negado. Las palabras de Sofía resonaban en mi mente como un eco incesante: «Papá no era quien creías». La incertidumbre y el temor se entrelazaban en mi mente, creando un torbellino de emociones que me mantenían despierta. Me sentía atrapada en un bucle interminable de preguntas sin respuesta, donde cada pensamiento era un hilo más enredado en esta maraña de dudas.
Cuando el amanecer apenas comenzaba a teñir el cielo con sus primeras luces, me levanté