Fin De La Doble Vida 38.
El viaje había sido algo cansado, fueron un poco más de once horas de vuelo. Pero para ella aquellas horas junto a Alexander eran las mejores. Aún no creía en lo sucedido en Italia, de solo recordar le parecía un sueño sacado de las novelas dramáticas de esas que su madre veía emocionada por las noches al llegar de su trabajo.
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La fría brisa marina era mitigada por el sol de medio día, se detuvieron porque la pequeña Luna quería un helado.
—Noa.
—¿Si? —Respondió ella volviendo la vista al