34. FURIA EN EL AUTO
La limusina blindada de un negro azabache avanzaba a toda velocidad, dejando atrás los portones de hierro de la residencia Alistair. La ventisca azotaba las calles de Chicago, que comenzaban a quedar desiertas. En la parte trasera de la cabina, el aire se sentía asfixiante y sofocante.
Noah permanecía sentada, agitada y sin aliento. El pecho de la Reina de Hielo subía y bajaba frenéticamente, intentando contener un estallido emocional a punto de desbordarse. Desesperación, culpa y rabia se entr