35. LOS LÍMITES SE DESDIBUJAN
La limusina blindada se detuvo de golpe en el área en penumbras bajo el puente de concreto. Un silencio denso devoró de inmediato el espacio de la cabina una vez que el motor fue apagado. Solo se escuchaba el aullido salvaje de la ventisca de Chicago al otro lado de los cristales oscuros.
Los profundos ojos negros de Nathan brillaban con nitidez atravesando la penumbra. El imponente hombre no desperdició ni un solo segundo. Elevó su enorme cuerpo del asiento del conductor y se coló a través de