MADDOX
Miré de Amara al niño en sus brazos. Rastros de lágrimas le recorrían el rostro, aunque sus llantos se habían aquietado en respiraciones suaves y temblorosas.
“¿Qué pasó?” preguntó uno de los granjeros, adelantándose mientras tomaba suavemente al niño de ella.
Amara abrió la boca, luego la cerró de nuevo, con la mano todavía flotando, señalando el brazo del niño.
Me acerqué. “Oye… ¿qué pasó?”
“Su brazo…” Sus ojos se elevaron a los míos, todavía abiertos de par en par. “Lo rompió. Estaba