AMARA
Los susurros que fluían por mis oídos se estaban volviendo imposibles de ignorar.
Sin importar a dónde me moviera dentro de la enfermería, parecían seguirme, rebotando de cama en cama y de rincón en rincón hasta que se sentía como si toda la habitación observara cada uno de mis movimientos.
Intenté ignorarlos.
Me concentré en cambiar vendajes. Me concentré en mezclar hierbas. Me concentré en limpiar el sudor de frentes febriles y forzar medicina por gargantas obstinadas.
Nada ayudó.
Porqu