Súbete el vestido.
—N... no... por favor... no me hagas daño —susurró temblorosamente mientras grandes lágrimas caían de sus ojos y su barbilla temblaba de miedo.
—No tengo otra opción —su voz era áspera y le atravesó el corazón.
Él era su compañero ¿Cómo podía lastimarla así sin ningún remordimiento?
—¿Cómo p... puedes lastimar a tu m... compañera? —ella susurró con voz entrecortada y temblorosa y él rechinó sus muelas mirando hacia otro lado.
—Estarás bien —se quejó mientras le agarraba las rodillas y le abría