Ella notó que él trató de sonar tranquilo pero la rabia en su voz y la aspereza en su tacto delataron su ira.
Su lengua salió disparada, lamiendo su oreja y besándola. Su respiración caliente y ronca y esos ruidos pecaminosos la hicieron moverse mientras se acercaba más en lugar de alejarse de él.
—No —maulló ella, y el último hilo de su cordura se rompió. Ya no le importaba.
Su mano alrededor de su garganta se apretó mientras chocaba sus labios con los de ella.
Ángela debió haber estado tan go