Inhaló profundamente. El dulce aroma de la sangre le atravesó la nariz y sus ojos se oscurecieron por el hambre.
Miró a sus guardias y estos miraban a la princesa. Por supuesto, eran vampiros. Su primer instinto sería probar su sangre.
—Mantenlas afuera —ordenó Lennox a sus guardias que mantuvieron a las niñas afuera, pero no lo permitieron. Ambas gritaron y lucharon contra los grandes y voluminosos guardias.
—No. Déjanos ir. Quedémonos con Violet —gritó Elyria a todo pulmón.
Lennox puso a Viol