Por un segundo le zumbaron los oídos y no pudo oír nada. El entumecimiento lo consumió mientras la miraba sin parpadear.
Quedó congelado en el acto. Su barbilla tembló y el corazón de ella se le subió a la boca. Las lágrimas llenaron sus tonos jade y una lágrima grande y gorda traicionó su control y se deslizó por su ojo.
—No te dejaré —dijo y fue entonces cuando se dio cuenta de que no era su alucinación.
Él la escuchó. Su corazón latía muy rápido. Rasmus no pudo controlar sus emociones. Otra