No haré promesas.
—No, no se lo digas —murmuró Ashley en voz baja.
Samanta frunció el ceño, cruzando los brazos sobre el pecho.
—Él me dejó a cargo. Se supone que no debes estar fuera de la cama —dijo Samanta.
—Estoy aburrida de mi mente tirado allí como un zombi muerto —protesto de vuelta Ashley.
Sus ojos se clavaron en los libros que estaban cuidadosamente colocados en los estantes. Han pasado tres días desde ese incidente y Damián la ha estado tratando como a un bebé recién nacido. Ni siquiera la dejará levan