—Sofía —dijo Rasmus con calma.
—¡Callarse la boca! —ella espetó mirándolo mientras se limpiaba la nariz con el pañuelo de papel y él le entregaba otro pañuelo—. ¡Astutos, crueles, malvados, malos, imbéciles Cómo se atreven a hacerme esto! —ella escupió mientras olfateaba y él suspiro.
—Cálmate —dijo mientras miraba por el espejo retrovisor para asegurarse de que nadie los siguiera.
—No me digas que me calme —ella lo miró y él la miró por el rabillo del ojo.
—Nunca te había visto así antes ¿Qué