Las garras de una gatita salvaje.
Draken estaba de vuelta en la habitación sosteniendo una bandeja en sus manos mientras la colocaba en la cama frente a ella.
—No soy bueno en eso. Tendrás que soportarlo —dijo y Sofía se quedó boquiabierta ante el tazón de sopa caliente y humeante y luego a él. No es de extrañar que la hiciera cocinar a ella.
Sofía agarró una cuchara mientras tomaba una cuchara llena y no estaba tan mal. Él estaba apoyado contra la pared al lado de la ventana mirándola expectante como si estuviera esperando que