Capítulo 45
Tenía el teléfono en la mano cuando la puerta de mi oficina se abrió sin que nadie la anunciara.
Levanté la vista y sentí que la rabia volvía a recorrerme el cuerpo.
Giorgio entró con el cinismo de siempre. Mi secretaria apareció detrás de él, completamente nerviosa.
—Señora Carolina, intenté detenerlo, pero...
Le hice una seña para que saliera. No quería que nadie más presenciara la conversación.
Cuando la puerta se cerró, él caminó hasta quedar frente a mí.
—Preferí venir personal