Capítulo 17
Esa noche en la cueva no terminó con una sola vez. Camilo me poseyó como si hubiera estado esperando meses para hacerlo. Después de correrme con fuerza, me tumbó sobre la arena fresca y se colocó entre mis piernas en posición misionero. Me miró a los ojos con esa intensidad salvaje mientras entraba en mí lentamente, profundo, llenándome por completo.
—Quiero verte la cara mientras te hago mía —gruñó, moviéndose con embestidas largas y controladas que me hacían arquear la espalda.