La Verdad Bajo la Luna

Capítulo Treinta

Jace alcanzó su daga. La respiración de Maren se atoró en la garganta.

Un ritmo suave y constante.

Demasiado pesado para una rata. Demasiado lento para una patrulla.

Jace la agarró del brazo y la arrastró más adentro de la cámara lateral, detrás de una pila de piedras derrumbadas y un viejo estante de vinos. La luz de la antorcha se apagó con un rápido movimiento de sus dedos.

El túnel se hundió en la oscuridad.

Entonces—

Un destello de luz.

No era luz de fuego.

Azul. Fría. Zum
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