Mundo ficciónIniciar sesiónMarian yacía en su cama, envuelta como una momia, con el rostro húmedo y enrojecido.
Sus ojos temblaban, pero estaban claros.
Gravan la miró fijamente.
«Veinticuatro horas. Es todo lo que necesitamos. Para ocultar tu curación».
«Pasado mañana podrás moverte como te plazca», comentó con voz suave y reconfortante, refiriéndose al otro asunto que ella no había mencionado: asistir a la ceremonia conmemorativa.
Esa había sido la única razón por la que había regre







