Mundo de ficçãoIniciar sessãoDiosa, es precioso. Pensó Marian mientras observaba cómo se acercaba su padre con paso firme.
Sabía que ese pensamiento probablemente era erróneo, pero no podía evitarlo.
Su padre era un hombre llamativo. Los lobos no envejecen como los humanos, por lo que su padre aún parecía joven, aunque tenía casi cuarenta y cinco años.
No tenía ni una sola cana en su espesa y ondulada melena oscura, que le llegaba hasta las orejas, ni en su perilla y bigote del mismo color,







