Capitulo 23

—Siéntate ahí y no hagas ni un solo ruido a menos que yo te lo pida —ordenó Diego sin volverse; su voz cortó el silencio de la vasta oficina del CEO.

Elena se sobresaltó, con las manos apretando el borde de su falda de seda que sentía demasiado ajustada. Miró el pequeño escritorio en la esquina que ahora era su área de trabajo. —Estoy aquí para trabajar, señor Diego. No para ser un adorno en un rincón.

Diego detuvo sus movimientos frente al gran ventanal que dominaba el horizonte de Madrid. Se
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