Una lágrima corrió por mi ojo derecho, mientras esperaba que el semáforo marcara verde para poder continuar conduciendo
-Vamos mamá, mas rápido, más rápido, quiero sentir que estoy volando, así como las hadas – gritaba riéndome, mientras la mujer rubia más hermosa, me columpiaba en aquel columpio de la mansión
-¿Nunca te cansas? – Pregunto ella con la respiración agitada – porque yo sí
-Nunca me cansare de lo que quiero – sonreí haciéndole un puchero para que siguiera
-Algunas veces la vida n