Emma despertó de su sueño y abrió los ojos lentamente. Se encontró a sí misma acurrucada en el brazo de Nathan, quien aún dormía pacíficamente a su lado. La suave luz de la mañana se filtraba a través de las cortinas, iluminando suavemente la habitación. Emma sintió una cálida sensación de alegría y seguridad al estar allí.
Con cuidado para no despertar a Nathan, Emma se recostó en su pecho y lo abrazó con ternura. Ella respiró profundamente su aroma, cálido y reconfortante, y se sumergió en un