240: Las Grietas en el Hogar.
El éxito de la reunión con los empleados me había llenado de una confianza renovada, pero al llegar a casa esa noche, esa confianza comenzó a desvanecerse. El penthouse estaba en silencio, un silencio pesado y opresivo que no auguraba nada bueno. Helena estaba sentada en el sofá, con una taza de té en las manos y una expresión de cansancio que me partió el corazón.
—¿Qué pasa? —pregunté, sentándome a su lado.
—Nada —respondió ella, pero su tono revelaba lo contrario.
—Helena —dije, con la voz s