239: El Precio de la Victoria.
La mañana después de la captura de Mateo Montiel amaneció gris y silenciosa sobre Manhattan. Las nubes cubrían el cielo como un manto de algodón sucio, y una llovizna fina comenzaba a caer sobre los edificios, empañando los ventanales de mi oficina con pequeñas gotas que se deslizaban como lágrimas perezosas. Yo estaba de pie junto a la ventana, con una taza de café en las manos y una sensación de vacío que no lograba sacudirme.
Había ganado. Mateo estaba en custodia, enfrentando cargos por la