205: El Adiós a Laura.
La mañana amaneció gris y silenciosa sobre Manhattan. Las nubes cubrían el cielo como un manto de algodón sucio, y una llovizna fina comenzaba a caer sobre los edificios, empañando los ventanales del penthouse con pequeñas gotas que se deslizaban como lágrimas perezosas.
Yo estaba de pie junto a la ventana, con una taza de té humeante entre las manos, observando la ciudad despertar. Había dormido mal, como siempre ocurría cuando sentía que algo importante estaba a punto de cambiar. Y esa mañana