Serena se ajustó la chaqueta cuando su asistente, Emma, entró en la oficina con un portapapeles en la mano.
Su presencia le recordó la vergonzosa escena anterior. Evitó la mirada de Emma, obligándose a mantener la compostura.
"Emma", empezó Serena, fingiendo estar absorta en los archivos de su escritorio, "¿qué sigue en mi agenda para hoy?"
Emma dudó, con su habitual alegría un poco contenida.
"Bueno, tienes una cena con el Sr. Pierre Rousseau de París. Voló específicamente para esta reunió