David se ajustó la corbata y miró a Ryan directamente a los ojos. Su voz era calmada pero firme.
—Señor Winters, voy al grano. Si no le entrega a Amy a su madre ahora mismo, esta situación se convertirá en una pesadilla legal para usted.
La mandíbula de Ryan se tensó, con los puños cerrados a los costados. —¿De verdad me está amenazando, señor... como se llame? —preguntó con frialdad.
David esbozó una pequeña sonrisa segura de sí misma.
—No es una amenaza, es un hecho. Sepa que Serena tiene la