Serena terminó el último de sus papeles y estiró los brazos con un suspiro de alivio.
Por fin podía salir de la oficina a recoger a Amy. Había sido un día largo, y tenía muchas ganas de ver la radiante sonrisa de su hija.
Agarró el bolso y las llaves del coche y salió a toda prisa.
La idea de pasar la tarde con Amy la hacía sentir un poco mejor, especialmente después de la acalorada confrontación con Ryan.
—¿Ya se va, señorita Serena? —preguntó Emma en cuanto la vio salir de su despacho.
—Sí. Q