—¿Rumores? —inquirió la madre de Harvey, mi "suegrita"—. ¿De qué rumores hablas, Anastasia?
¿Conque así era que se llamaba la rubia tetona?
La aludida parecía complacida de tener la atención de aquella mujer elegante y de mediana edad, se dirigió a ella con una enorme sonrisa, ignorando las protestas que comenzaban a salir de boca de mi jefe.
—De que la asistente de Harvey era una arpía trepadora que sólo quería aprovecharse del dinero de tu hijo y por qué no… de la condición que su padre…
—¡