— Keila, puedes retirarte más temprano. Yo voy a hablar algunas cosas con Cristhian — dijo, luego de mirar su reloj y confirmar la hora.
La mujer se dio cuenta de que discutirían, y por ende, le miró con súplica a su novio, recibiendo una mirada comprensiva de su parte y así, tranquilizarla.
Una vez, los dos solos, Enzo ingresó en su oficina con Cristhian siguiéndole el paso. El hombre se encontraba con una sonrisa radiante en el rostro, que nunca antes había visto. Su emoción era inmensa, que