La puerta se cerró tras Claudia con un golpe seco que retumbó en toda la habitación. Paul permaneció inmóvil durante unos segundos, con la mirada fija en el vacío, como si aún pudiera verla allí, frente a él, acusándolo. La tensión en su cuerpo era evidente; sus manos se cerraron en puños, los músculos de su mandíbula se contrajeron, pero no dijo nada de inmediato.
Respiró hondo.
Luego giró lentamente hacia la puerta.
—Germán.
El guardaespaldas apareció casi de inmediato, atento, firme, per