Capítulo 95 —La Soberana
Narrador:
El silencio que siguió a la tempestad de los cuerpos en el calabozo era denso, casi tangible, cargado de una electricidad residual que se negaba a morir. Aurora, con una parsimonia que denotaba una nueva y gélida seguridad en sí misma, se puso de pie. El frío de las losas de piedra bajo sus pies descalzos no la afectaba. Con movimientos fluidos, recogió la bata de seda roja que yacía en el suelo como un pétalo de sangre olvidado. Se cubrió, anudando el cinturón