Capítulo 94 —El Rugido
Narrador:
El sótano de la mansión, un recinto de piedra fría y ecos olvidados, se transformó en un escenario de tensión insoportable. La luz de las lámparas eléctricas parpadeaba en las paredes, proyectando sombras que parecían danzar al ritmo del pulso acelerado de los protagonistas. Aurora no caminaba; se deslizaba. Llevaba puesta la bata de seda de un rojo carmesí intenso, esa que parecía teñida con la sangre de sus propios deseos. La tela caía con una gracia insultante