Capítulo 168 —El cadáver de una visión
La mansión de Caín se había convertido, con el paso de los días, en una jaula de cristal y sombras. Dilan llevaba ya casi una semana fuera, y el silencio que había dejado tras de sí era más ruidoso que su presencia. No era solo la ausencia física; era la falta de ese anclaje que mantenía a Aurora equilibrada. Sin él, el aire en la casa de Caín se sentía más denso, cargado de una electricidad estática que amenazaba con descargar en cualquier momento.
Aurora