Capítulo 32: Un acto impulsivo.
¡¡Dos guardianes detuvieron enseguida a Ayseli!!… Eran lobos altos y fornidos.
—Regrese a la habitación, Luna —dijo uno con voz dura.
—Debe cenar —añadió el otro.
Ayseli sonrió fría.
—¡Por supuesto que cenaré!
Volvió al interior, caminó hasta el perchero. Ahí colgaba un abrigo grueso y oscuro de piel pesada y elegante. El aroma en él era fuerte. El abrigo del Rey Alfa.
Lo tomó con su mano. Se giró y corrió.
—¡Eh! ¡Detente! —gritó un guardián.
¡Los guardianes se abalanzaron hacia ella!