CAPÍTULO 14
El silencio en la habitación era angustiante.
Amelia estaba acostada en la cama, pálida, con la respiración débil, sus labios morados.
El médico de la manada, quien por suerte era parte del consejo, la atendía con urgencia.
Matthew se quedó de pie junto a la ella, con el corazón acelerado, sintiendo el dolor de su Mate.
—¿Qué le pasa? —preguntó con voz quebrada.
El médico frunció el ceño, revisando el pulso de la loba.
—Ha sido envenenada.
El aire se volvió denso.
—¿Qué?
El médico