Selene despertó con la sensación de estar flotando.
Durante unos segundos no supo dónde estaba. Solo sintió el peso de una manta gruesa sobre su cuerpo, el olor a humo limpio, cuero y pino, y una calidez constante rodeándola por la cintura.
Parpadeó.
Estaba en una cama amplia, en una habitación de piedra clara, con una ventana que daba a los jardines interiores de Artheon. La luz del amanecer entraba filtrada, dorada, anunciando que había dormido mucho más de lo que pensaba.
Y detrás de ella, a