Mundo ficciónIniciar sesiónNueva York, tres años después.
Los ojos azules de mi hijo me miraban con atención.
Cómo si no fuesen las tres de la madrugada y yo no me estuviese muriendo de sueño.
― ¿Por qué no te duermes? ―Murmuré pesaroso notando que sus ojos brillaban con alegría ante mi miseria―No, Jake, no es hora de jugar, es hora de dormir.
―Tal vez si no lo dejaras dormir la siesta tan tarde, esto dejaría de pasar.
El aire se me atascó en los pulmones al ver







