POV HELENA
Llego a la mansión de Adrián un viernes por la tarde, habiendo coordinado mi visita con precisión militar porque he aprendido que, en esta nueva configuración familiar, la espontaneidad no es apreciada. El mensaje de texto de Adrián fue claro: "Viernes a las cinco. Cena a las seis y media. Puedes quedarte hasta el domingo después del desayuno. Lola aprobó." El hecho de que mi hijo necesite aprobación de alguien más para invitar a su propia madre a su casa es fascinante y preocupante