Seguí a Esmeralda hasta el gimnasio, al llegar la vi furiosa golpeando el saco, mis tíos me hicieron seña para que no me le acercara, pero no me importó, me quité el saco y enrolle las mangas de mi camisa de vestir. Luego me quité los zapatos y en calcetines subí al ring, tomé el saco y ella comenzó a golpear cada vez más y más fuerte, hasta que me lanzó el primer golpe directo a la cara, casi caigo al piso, pero me mantuve firme, luego comenzó a golpear mi abdomen, mis brazos. Estaba cegada po