—No olvides quitarte los pantalones—. Su voz emanaba llena de humor a través del bosque.
Casi sonreí al pensar en quitarme los pantalones para ella de otra manera. Me quité los pantalones y los colgué de una rama, con la pequeña esperanza de que estuvieran allí cuando volviera. Entonces, ¿cómo se acepta ser un lobo? ¿Aullar? Levanté la cabeza y aullé. Claro que podía hacerlo en mi forma semi-loba. No cambiaba cómo me sentía. Hice pucheros. ¿Debería arrastrarme por el suelo? Ahora sí que estaba