Los labios a Valeria se le resecan cuando mira a los ojos al alfa los cuales echan fuego, mientras ella le tiembla la mano como nunca. No falla, es certera, pero se siente tan frustrada al sentirse incapaz de no rebanarle la garganta de una vez y por todas.
Las manos del alfa se liberan debajo de su cabeza tensando a la pobre chica que piensa lo peor.
—Ten cuidado con lo que intentas—le dice Valeria tratando de mantener la compostura—manos atrás—no lo hace el lobo—obedece.
Deja la punta del