Capítulo 11: ¿Quieres que se arrodille?
El dolor en la mano de Daisy era una pulsación eléctrica que le nublaba la vista, pero el calor del cuerpo de Cassian contra el suyo era lo único que la mantenía anclada a la realidad.
Él no la soltó.
Al contrario, sus dedos se cerraron alrededor de su brazo con una suavidad posesiva, casi reverente.
—Mírame —ordenó Cassian y su voz no era una petición; era un decreto.
Daisy levantó la vista, con el rostro bañado en lágrimas y al ver la tormenta de furi