El alba pintaba el cielo con tonos pastel, bañando la mansión Clark en una luz tenue y fría. El crujido de la nieve bajo sus botas era el único sonido que rompía la tranquilidad de la mañana. Elías, se encontraba en el jardín, su mirada perdida en el horizonte donde las montañas se erguían imponentes, cubiertas de un manto blanco.
Un mes había pasado desde su llegada. Un mes en el que había aprendido a convivir con la opulencia y la rigidez de la vida en la mansión. Los sirvientes lo trataban