Me quedé velando sus sueños por unas largas horas, luego fui a los cuneros y soborné a la enfermera para que me dejara ver a los niños. Ellos están bien, así que pude cargarlos y les coloqué un brazalete de oro a cada uno, esto por supuesto tenía un chip de trastero, no quiero que nada les vaya a suceder… No se podía negar que eran una mezcla perfecta de su padre y su madre, sus cabellos lacios, rubios, sus rasgos finos, aunque el niño tenía las facciones más marcadas. Eran blancos, con los lab