Amanecí en los brazos de Sergio, me sentía la mujer más feliz y afortunada del mundo, pude comprobar que mi felicidad no estaba con Royer desde el primer momento que vi a este hombre. Ambos sabíamos que nos pertenecíamos, apenas cruzamos miradas, y estaré eternamente agradecida con mi padre y con mi hermano por haber cambiado de opinión y habernos presentado, porque de haber sido de otra forma estoy segura de que no podría haberle sido fiel a Royer. No, si conocía a Sergio creo que hay cosas qu