Capítulo 36.
Zack la aprieta contra su cuerpo hasta sacar un gemido de placer de sus labios.
Sí, así era como respondía, los ruidos y jadeos como en su juventud era lo único que lo había mantenido cuerdo.
Y ahora la tenía aquí frente a frente, saboreando su placer.
La toalla desaparece en un instante, dejándola ahí expuesta… para él.
Sus curvas eran una amenaza para su corazón y su cordura.
Zack no quiere cerrar los ojos, no quiere dejar que su lado humano limite sus sensaciones.
Inhala llenándose de ese mar