Capítulo 26. Las consecuencias de los actos

En ese momento, la señora que salió momentos antes con la bandeja, volvió a entrar.

—¡¿Qué pasó?! —exclamó asustada.

—Por favor, llame a una ambulancia urgente —pronunció casi sin voz, mientras trataba de pasar el nudo en su garganta, nunca en su vida sintió tanto miedo como en ese momento, su conciencia ya había empezado a martirizarlo.

La abrazó a su cuerpo, sin dejar de llorar.

—¡Dios! ¡Te maté Nati! ¡Te destruí! ¡Soy un asesino! Por favor, no dejes de respirar ¡Lo siento! —estaba desesperad
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